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Mi esposa y yo, en una semana, hemos hecho dos viajes a Monterrey. El primero fué para develar una escultura de seis metros de alto, que quedará para siempre en un lugar privilegiado: a unos cuantos metros del Paseo de Santa Lucía, donde corre un río por el que incesantemente pasan unos barcos atestados de paseantes que disfrutan de un paisaje maravilloso. Este fué un proyecto del gobernador José Natividad González quien dentro de cuatro días, terminará su gestión de gobernante.
Del aeropuerto nos fuimos a ver el sitio en que mi obra ha sido colocada. Está cubierta por un manto negro. Por la tarde será develada y es cuando podremos verla en toda su grandeza. José Natividad González estará presente y dirá un discurso. A mí me tocará después hablar y explicaré el significado de esta obra que es un homenaje más, a mi amada esposa. Se llama “José Luis y Beatriz del Carmen Cuevas” y cuando llega la tarde, acompañados de muchos amigos, arribamos al lugar y me entusiasma observar que a todos les encanta. Desde uno de los barcos repleto de visitantes, oigo con emoción un aplauso multitudinario. Yo agradezco saludándolos con los dos brazos en alto. El discurso del señor gobernador, es breve pero conmovedor. Me toca el turno de hablar y expreso el enorme cariño que le tengo a Monterrey, ciudad que visito desde hace 25 años. Con mi querida Beatriz del Carmen este es el decimo viaje que hago. Elvira Todd es la directora de la Pinacoteca en donde el 26 de febrero celebré mi cumpleaños número 75. Después, en la casa de Luis y Elvira, hubo una gran cena, que los que asistieron la recuerdan con gran alegría. En la pinacoteca se expusieron 20 esculturas mías y se le llamó “Cuevas en bronce”. Un coro de 100 niños me recibieron cantándome “Las mañanitas”.
Beatriz del Carmen no pudo contener las lágrimas que mojaban sus mejillas. Ahora frente a la escultura que nos representan a ambos abrazados, volvió a emocionarse. Hace apenas un mes, en el Museo Cuevas, se inauguro una magna exposición de 170 cartas dirigidas a mi inspiradora musa. Regresamos a México por solo dos días, para asistir a la toma de posesión del nuevo delegado de Álvaro Obregón, Eduardo Santillán Pérez que tuvo lugar en Santa Fé. En un inmenso auditorium de Bancomer fué el acto que tuvo una asistencia, según nos dijeron, de 7000 personas. A la entrada del recinto, recibiendo a los asistentes, dos enormes cabezas en bronce, obra mía, nos sorprendió porque no sabíamos que estas habían sido prestadas por el Museo Cuevas. Se llama “Los siameses” y nos representan a ambos. Un homenaje más a nuestra indestructible relación amorosa.
Al día siguiente volvimos a Monterrey, ahora para estar presentes en la toma de protesta de Gobernador Rodrigo Medina de la Cruz, se nos dieron lugares preferenciales. Llegamos acompañados de nuestros entrañables amigos, Elvira Todd y los Burillo (Luz y Jorge) que viajaron con nosotros el mismo día. De pronto apareció el Dr. Luis Todd, que buscaba el lugar que se le había designado y oímos el comentario de dos de los asistentes, de aspecto de políticos que dijeron lo siguiente: “Ahí está el doctor Todd, que es un sabio y el otro replicó: es un genio”. Tenían razón porque Luis, con quien me une una entrañable amistad, es un hombre de gran inteligencia y un orador de primera. Cuando recibí en la Universidad de Jalapa, un Doctorado Honoris Causa fué él quien improvisó un discurso en el que habló de mi trayectoria artística. Me apabulló su extraordinaria erudición que cuando me tocó a mí decir un discurso, lo hice más bien breve, Luis ya había dicho más de lo que yo mismo sabía de mí.
Después de dos días de intensa actividad en Monterrey, mi esposa y yo regresamos a México en compañía de nuestros queridos amigos Luz y Jorge Burillo. Por haber llegado algo tarde al aeropuerto, ya se habían ocupado los lugares, que nos correspondían y tuvimos que conformarnos con sentarnos en la última fila del avión. Quedamos separados de nuestros amigos porque los lugares de ellos en primera clase, si estaban libres. Recordé que esto no nos debía preocupar, porque hace ya algunos años me sucedió lo mismo cuando viajé de Sao Paulo a Río de Janeiro. Al despegar ese avión, cuando apenas levantaba el vuelo se desplomó habiendo sido yo el único sobreviviente de ese lamentable accidente.
El mismo día de nuestro regreso a México, me llegó a nuestro cuarto un libro muy voluminoso que reproduce toda la obra de arte Latinoamericano de la colección “FENSA”. Encontré en el texto que a mí se dedica, muchos errores biográficos. Además la obra que de mí se reproduce, un autorretrato fechado en 1957, se dice que es un óleo sobre tela, siendo un dibujo a tinta sobre papel.
Ya en México encontré un catálogo con la colección de grabados que un grupo de artistas hicimos en Chile, en homenaje a Salvador Allende con motivo del centenario de su nacimiento. Lo que de mí se dice es corto pero exacto: “José Luis Cuevas (México), nace en la Ciudad de México en 1934. Su comienzo en el arte del grabado lo realiza bajo la asesoría de Lola Cueto en el Mexico City Collage.
Su obra lo ha llevado a exponer en museos y galerías de todo el mundo y la excelencia de su trabajo le ha otorgado un sinfín de premios y reconocimientos, así como también la entrega de varios grados de Doctor Honoris Causa en diversas universidades del mundo”. Una de cal por una de arena. |
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