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La semana pasada, invitados por Víctor Manuel Mendiola y el embajador de España en México, mi amada esposa Beatriz del Carmen y yo, asistimos a la presentación del libro “Cincuentena” del escritor Luis García Montero. Al término de la mesa redonda, conversamos con el poeta que según se dijo, es uno de los más notables escritores de una generación reciente. Le pregunté por José-Miguel Ullán quien fué el curador de dos exposiciones mías. La del Museo Reina Sofía y la otra que fue presentada en el Museo “Casa de la Moneda”. Ambas en Madrid. También fué el comisario de mi exposición “Casas de la judería”, que fué expuesta en el Pabellón Mudéjar de Sevilla en julio de 1992. Por iniciativa de él, todas las obras que ahí fueron expuestas, fueron realizadas en Sevilla en el segundo piso del Museo de Arte Moderno que está al frente de la Giralda. Dos meses estuve trabajando en obras de gran formato en esta mi “Suite Sevillana”, que fue muy bien recibida. Ullán viajo a Sevilla para ver mi trabajo en proceso. En esa ocasión me entregó un poema titulado “Animales Impuros” que fué para mí muy inspirador, porque ya estando en México, llevé a cabo una serie de ilustraciones, surgidas de la lectura de este poema. No solo fueron dibujos sino también grabados y esculturas de gran formato. Algunas réplicas de ésta se incluyeron en mi muestra del Reina Sofía.
Mi primer encuentro con José-Miguel fué en Monte Catine Terma, Italia, en donde yo me encontraba participando en un homenaje a Miró (“Maggio Miró”) que había organizado Carlos Franqui, otro gran amigo mío. En un enorme y hermoso jardín, nos reunimos para pintar un buen número de artistas españoles. Todos ellos muy renombrados. Para mí se habían destinado papeles, pinceles y plumillas de dibujo, pensando que yo teniendo fama de dibujante, serían los materiales adecuados para mi expresión. Pero muchos se sorprendieron cuando pedí una tela enorme y unos tubos de pintura de óleo.
José-Miguel Ullán llegó acompañado de su amigo Manolo, que es un magnífico fotógrafo.
Los papeles también los use. Así que mi producción fué abundante. Todas estas obras fueron por mí donadas a un museo que se proyectaba para que llevara el nombre del gran artista catalán, quien no pudo asistir al evento por razones de salud; pero en cambio envío una pintura muy bella que hizo para esa ocasión.
Fué una experiencia espléndida. Por las noches se organizaban fiestas, con las que se nos festejaba a todos los artistas que habíamos asistido, por ser todos grandes admiradores de Miró. Debo decir que yo era el único pintor no español. Pero eso sí, con muchos nexos con Cataluña donde nació mi abuela Felicia Carbonell.
Era natural que durante la conversación, le preguntara a Luis García Montero, que venía de Madrid, por mi amigo Ullán. Fué portador de una noticia que nos impactó a mi amada esposa y a mí. Se puso lívido cuando nos dijo: “¿Pero no estáis enterados de que Ullán murió hace dos meses?”.
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Más que las reuniones tumultuosas, en las que se conoce a muy pocas personas, a Beatriz del Carmen y a mí, nos gusta comer con un pequeño grupo de amigos. Con frecuencia lo hacemos con Luz y Jorge Burillo ambos presidentes de la “Sociedad de Amigos del Museo José Luis Cuevas”.
En días pasados fuimos a un restaurante con Anita y Ramón Xirau. Con René Avilés Fabila y Rosario, su esposa, estuvimos ayer en el restaurante San Ángel Inn, que es uno de los preferidos de mi amada Beatriz del Carmen. A ellos hacía tiempo que no veíamos; pero en otra época, en los tiempos en que él dirigía “El Buho” en el que yo publicaba mi Cuevario, teníamos frecuentes encuentros e incluso fuera de la capital, dimos conferencias en diferentes lugares de la República.
Sin Beatriz del Carmen a mi lado, no podría trabajar de la manera en que lo hago ahora. Ella es mi musa inspiradora y siendo pintora, me sugiere los colores que debo de emplear en cada uno de mis cuadros. Cuando termino de trazar con carboncillos, sobre un lienzo, casi siempre de generoso tamaño, ella me advierte que hay una zona vacía y que debiera de llenarla con algún otro elemento. Observo y veo que ella tiene razón.
Habiendo hecho las correcciones pertinentes, ella ocupa el celular para mantener contacto con los que laboran bajo sus órdenes. Es un motor en constante actividad. Siempre produce nuevas ideas para que el Museo no se duerma en sus laureles. Ella es la que dirige la orquesta que cuenta con pocos músicos; pero todos muy eficaces.
Sin ella, con su vocación de maga las cosas se detendrían. Incluso yo, sin Beatriz del Carmen, mi producción artística no sería tan basta. La necesito cerca de mí en todo. Ella es la que me sugiere la ropa que debo vestir cuando tenemos que asistir a algún evento. Otra cosa que me sorprende de ella, es el buen gusto que tiene para ocupar algún espacio. Un cuadro lo cuelga en el lugar adecuado. Nunca había yo conocido a una persona con tantas cualidades. Por eso y por muchas otras, es que la amo mucho y me satisface sentirme correspondido. Por eso le escribo tantas cartas amorosas que no solo traen escritura, sino que están ilustradas con mis dibujos. Este material todavía puede ser visto en todos los muros del Museo que lleva mi nombre. Hasta ahora son 170 cartas que le he entregado en propia mano. Y seguirán más…
En las próximas semanas se presentarán cuatro exposiciones más. Ella me ayuda a seleccionar las que deben enviarse a cada uno de los espacios. Para la Casa de Francia se presentarán aquellas que tienen vínculos con París. La exposición se llamará “El París de José Luis Cuevas”. Para el Politécnico hemos pensado en cartas ilustradas dedicadas a mi amada esposa Beatriz del Carmen, grabadosy esculturas. Para los otros lugares todavía no hemos decidido cuál debe ser mi representación. |
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