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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen CXV

16 de noviembre de 2009

 

 

Los días que pasamos en México, que no son muchos, nos dedicamos mi amada esposa Beatriz del Carmen y yo a pintar frenéticamente. Nos levantamos muy temprano para aprovechar la mañana y entramos a nuestro estudio. Las horas se van volando y llega el momento de la comida. Para entonces ya hemos terminado un cuadro que empezamos el mismo día. Ya lo he dicho en varias ocasiones: trabajo rápido y tres horas son suficientes para dibujar sobre el lienzo y desarrollar un tema. Después interviene Beatriz del Carmen y prepara los colores. Ella decide cuales deben ser estos y me deja a mí la responsabilidad de aplicarlos sobre los trazos que he hecho con carboncillo. Ni ella ni yo cometemos errores. Hasta el día de hoy no hemos destruido ningún papel o tela. Esto se puede aplicar en mi ya larga carrera de artista plástico. Todo lo que sale de mis manos es válido e importante. Nunca una obra mía se ha tirado al bote de la basura. Lo mismo podría decir de Beatriz del Carmen. No ha errado al sugerirme los colores. De ahí la abundancia de nuestra producción. Sino tenemos el compromiso de ir a comer con algunos amigos, lo hacemos en la casa o bien vamos a algún restaurante. Ahí surgen conversaciones interminables en las que planeamos lo que haremos en los días siguientes. Revisamos nuestra libreta de compromisos y encontramos las fechas de nuestros próximos viajes. El más próximo será a Mazatlán en donde seré objeto de un homenaje. Tenemos anotada una ceremonia de “Reconocimiento a la obra del maestro José Luis Cuevas en el marco del V Congreso Internacional de la Universidad Asia Pacífico y el Instituto Sinaloense  de la Cultura del Gobierno del Estado”. Enterados estamos. En la Mesa de Honor se me entregará un reconocimiento, que por el momento ignoro en qué consiste. Lo que si tenemos anotado es que participarán Jorge Abel López Sánchez, Presidente Municipal de Mazatlán, el Director General del Instituto Sinaloense de la Cultura, Sergio Jacobo Rodríguez, quienes en sus mensajes rendirán un “homenaje a la rica obra de arte en el ámbito internacional de José Luis Cuevas”. Después me tocará a mí hablar, durante el tiempo que yo decida. Por la noche una cena de honor y bienvenida, a mi esposa, directora del Museo que lleva mi nombre, y a mí. Asistirán embajadores e invitados especiales. Se clausura el evento y al día siguiente regresamos a México.
Ya estando en México, mi esposa y yo, asistimos a la apertura de una exposición de mis obras, en el Instituto Politécnico Nacional. La titularon  “José Luis Cuevas regresa al Politécnico” y se editó un políptico, una invitación y un cartel. Los tres muy bien impresos. En el primero José Cabello Becerril, Director de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura, del IPN, Plantel Tecamachalco escribió la siguiente presentación:
“En el marco del 35 aniversario de estar en funciones en este espacio físico la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura, Unidad Tecamachalco, dependiente del IPN, tiene el honor de recibir a una leyenda viva del arte, de reconocimiento internacional, siempre gloria indiscutible, que ha puesto en alto el nombre de México: el maestro José Luis Cuevas.
Hablar de su obra, resulta una labor complicada. ¿Qué debo decir o mencionar primero? ¿Su texto incendiario La cortina del nopal? ¿Su inolvidable diálogo con Siqueiros en el programa Anatomías de Jorge Saldaña? ¿La manifestación tumultuosa que generó su Mural Efímero en la zona rosa? ¿Su polémica escultura La Giganta? ¿Su primera exposición en París en 1955 a sus escasos 21 años? ¿La autobiografía escrita en su Cuevario? ¿Sus doctorados Honoris Causa? ¿Los frecuentes homenajes que le han realizado diferentes países en reconocimiento a su obra?
Las respuestas son muchas, pero su obra y el arduo trabajo desempeñado a largo de toda su trayectoria artística hablan por sí mismas. Con la exposición José Luis Cuevas regresa al Politécnico, nuevamente nuestro espacio se ve inundado con la magia de su arte. Y precisamente, el contacto debe ser una obligación para la formación profesional del arquitecto, por lo que la presencia viva del maestro José Luis Cuevas y la presencia de parte de esa obra que le ha dado fama internacional en este centro educativo es invaluable, y quedará por siempre en la historia del Instituto Politécnico Nacional, así como la memoria colectiva de nuestra comunidad”.
En la misma publicación viene otro texto de Lorena Lozoya, maestra de literatura del IPN. Dice:

“José Luis Cuevas nos permite atisbar en el aquí y ahora; en las epístolas que ha escrito para Beatriz del Carmen, su esposa, las cuales están ilustradas con dibujos en tinta negra y a color; todas inician con la frase. Mi amada esposa y finalizan con tuyo por siempre. Estas cartas amorosas, que trascienden de lo íntimo a lo público, son el reflejo del hombre y el artista que evoluciona, que no se inhibe, que en cada obra hace un homenaje a su vida y al tiempo que disfruta”.
 

 

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