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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen CXVI

23 de noviembre de 2009

 

 

Beatriz del Carmen y yo nos amamos mucho. Estamos unidos por un cordón umbilical que nos impide separarnos. Todo lo compartimos. En las comidas de amigos, ellos lo saben y siempre nos ponen juntos en la mesa. Incluso en los banquetes protocolarios de las embajadas, en los que es de rigor separar a las parejas, en el caso nuestro se hace una excepción y nos sitúan uno al lado del otro. Nuestra relación amorosa se ha convertido en algo mítico. Algo que provoca infinidad de comentarios; casi todos favorables. Digo "casi" porque no faltan los insidiosos que llevados por la envidia, que toda relación provoca critican nuestra ostentación que hacemos del enorme amor que nos tenemos. Esta se manifiesta en las cartas ilustradas, que cada día, entrego a mi esposa y que ahora siguen expuestas en todas las salas del Museo Cuevas, o bien estos mis cuevarios en los que siempre está presente mi amada. Irrita a muchos que diga que mi obra sea el resultado de un trabajo en común. Se ha llegado a decir que esto perjudica mi mercado artístico, o bien que todo lo que sale de  mi estudio está dedicado a ella. Hago caso omiso de estos comentarios, porque la envidia es algo que siempre ha estado presente a lo largo de mi trayectoria tan abundante de ideas novedosas. A ello ya me he ido acostumbrado.
Acabamos de regresar de Mazatlán en donde fui objeto de un homenaje y ya nos preparamos para ir a Guadalajara, donde firmaré varias ediciones de grabados hechos en el taller "Guachabato".

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Casi todas las semanas recibo libros que mucho aprecio, porque de esta manera mis bibliotecas que son tres, siguen enriqueciéndose. En los últimos días me llegaron  "Genio y figura de Sor Juana Inés de la Cruz" de Ramón Xirau, dos de René Avilés Fabila y uno titulado "Psicoanálisis y cine" que es un homenaje a Pablo España, ya fallecido, con quien tuve muy buena amistad. En esta publicación me encuentro dialogando con España y con Diego López director de una película sobre el pintor Francisco Goitia. Reproduzco a  continuación los primeros párrafos, ya que todo lo que dije ocupa  en el libro cinco páginas.
JOSE LUIS CUEVAS: Efectivamente, cuando estaba planeando lo de su película, Diego López me visitó en mi estudio. Me pareció que era sumamente difícil hacer una película sobre un pintor sobre Goitia, el personaje me resultaba tan imposible para llevar al cine como me puede resultar imposible el personaje del cónsul  de Bajo el volcán  (Under the Volcano, 1984), que al final John Huston hizo una película completamente fallida. Ya había muchos guiones, incluso creo que Gabriel García Márquez había participado en uno de ellos, y es difícil el personaje de Bajo el volcán porque no hay de donde asirse, es una cosa completamente subjetiva, es el delirio de un alcohólico, pero de alguna manera uno imagina que el cine debe apoyarse en una anécdota, en una historia, en algo, definitivamente, y Goitia  creo que planteaba  los mismos problemas  para un adaptador, para un guionista y desde luego después para el realizador.

Como dijo Diego López, esto es cierto, prácticamente no hay bibliografía  sobre Goitia, está el libro de Luna Arroyo que, efectivamente, no nos da demasiada información sobre lo que  es este personaje, se refiere a sus cuadros, en fin, pero vemos que el mismo autor por ejemplo cuando toca a otro artista, en cuya vida sucedieron muchas cosas, como puede ser la vida del Dr. Atl, que también  Luna Arroyo ha escrito dos libros sobre él, vemos que están llenos de anécdotas, de cosas, que de alguna manera sí puede interesar a realizadores cinematográficos  para filmar su vida; sin embargo yo creo que precisamente  la enorme importancia de esta película  sobre Goitia es que no es anecdótica, es más bien una película en donde el personaje va y viene…”
 

 

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