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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen CXVII

30 de noviembre de 2009

 

 

Fue un viaje relámpago el que hicimos mi amada esposa Beatriz del Carmen y yo, a la ciudad de Guadalajara. Pocas horas pero suficientes para que fuéramos homenajeados con una comida y una cena. También nos dimos tiempo de ir a Tlaquepaque, donde fuimos muy bien recibidos. Por la noche del mismo día de nuestra llegada sostuve un diálogo sobre la muerte con la Maestra de Filosofía Yolanda Zamora. La charla duró tres horas y yo, posesionado del micrófono, fui el que más habló, porque el tema es una de mis obsesiones y mucha de mi obra, es una reflexión sobre el hecho terrible de dejar de vivir. El evento tuvo lugar en el Museo de Arte de Zapopan y se inició a las ocho y media de la noche, del jueves pasado. La asistencia de público fue muy nutrida. Pedí que mi esposa ocupara la mesa; pero ella prefirió quedarse entre la gente que, según me dijeron después, sumaron más de trescientas personas. Para evitar que el tema resultara muy triste, dejé que brotaran de vez en cuando chispazos de humor que provocaban el regocijo de los asistentes.

Dar conferencias para mí resulta un ejercicio de memoria, ya que mis intervenciones son espontáneas sin contar con la protección de notas. Todas son improvisadas. De ahí que con tanta frecuencia se me invita a hablar sobre los temas más diversos. A mí me gusta hacerlo porque es una manera de defenderme del tan temido Alzheimer.

Al día siguiente de nuestra llegada a México, Beatriz del Carmen y yo, subimos al estudio para pintar al alimón dos lienzos de tamaño generoso. El primero de ellos lo titulamos “Los lisiados” y aparecen 14 personajes, todos adoloridos y tristes. Quizá influyó lo que dije en la conferencia del jueves. Yo soy supersticioso y le tengo terror al número 13. Cuando conté el número de los lisiados que pintamos en el cuadro, descubrí que completaban el número que tanto me preocupa y tuve que agregar un desdichado más. Nunca me siento en una mesa donde suman 13 invitados y en  un hotel no ocuparía un cuarto que estuviera en el piso que tanto me angustia. Por influencia mía, mi amada esposa ya ha sido contagiada de esta mi aversión. Es conocido el hecho de que por las mañanas muy temprano, para soltar la mano dibujo muchos autorretratos, cuando estos suman 13 y entonces hago uno más o bien destruyo uno de ellos para escaparme del fatídico número.

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Ya he dicho en otras ocasiones que casi todas las semanas recibo libros que generosos amigos me envían. Casi siempre es material de primera, y rápidamente busco el lugar de mis libreros donde deben de ser colocados. Al regresar de nuestro viaje encontré los siguientes que abarcan diversos temas. Los menciono a continuación: “Grandes leyendas del boxeo” de José Ramón Garmavella, en el que encuentro un breve texto mío sobre el autor, con quien desde hace años guardo una gran amistad. Después hay dos tomos que recogen varios textos, que en diferentes épocas, han dicho infinidad de artistas plásticos. El espacio que se me dedica posiblemente es el que ocupa más hojas. El autor de esta compilación es Hugo Covantes, quien ha llevado a cabo una labor que sorprende. De la casa de subastas “Luis G. Morton” me llega un catálogo de 280 páginas. Ahí encuentro un error garrafal. Se trata de una obra falsísima que se me atribuye. Saldrá subastada a 35,000 pesos. Si fuera auténtica costaría el triple. Mi amada esposa Beatriz del Carmen se puso en contacto con Paola Vergara, que se ocupa del Arte Moderno y Contemporáneo para informarle de la equivocación, que daña mi prestigio.

Ojalá y que esta obra haya sido con tiempo retirada de la venta. Yo creo que así será dado el prestigio que tiene la casa “Luis G. Morton”.

También de Expo-Venta de Arte Contemporáneo me llega otro catálogo. Me lo envía la directora Mariana Romano, de Puebla. Ahí reproducen ocho obras mías, todas auténticas, entre esculturas, grabados y pinturas. Además se hace una biografía que ocupa una página completa, en donde no aparece ningún error. Qué bueno.

El libro más importante que me llegó en esta remesa es editado por el Museo Nacional de Arte y se llama, “Materia y sentido: El arte mexicano en la mirada de Octavio Paz”. Me fue enviado por Consuelo Sáizar, Presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Ahí me encontré con seis autorretratos míos y en un grabado de la carpeta La Renaudiere (Carta a Octavio Paz). Hay también algunos textos y un poema de Paz, que no los reproduzco porque son muy conocidos.

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Me llega también una invitación que me hace el poeta Francisco de Asís Fernández para que asista el Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua. Me adjunta un poema que me dedica y que está fechado el 20 de octubre del 2009. Se titula “El arte y las mariposas” y dice:

“Siempre dando pasos fuera del infierno
José Luis Cuevas atrae el alma de los muertos
para meterlas en las figuras que pinta
o en los poemas que escribimos sus amigos.
Así las traslada desde todas las probabilidades del olvido
a una ficción de interpretaciones inagotables e infinitas.
Pero a esas almas José Luis nunca las pinta con alas:
tiene miedo a que las almas que aprisiona
huyan y regresen a sus ojos de pintor
para ver el mundo desde un aeropuerto de mariposas
y que el papel se quede solo,manchado de colores sin vida”.
 

 

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