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![]() | Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen CXIX 14 de diciembre de 2009
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Ayer sábado, como es mi costumbre, subí a mi estudio donde me esperaba un lienzo inmaculado de 180 x 180 cm. Como me sucede siempre me angustié al enfrentarme al vacío. Cuando haya terminado, esa superficie estará poblada de personajes, que por el memento no sé cuantos serán. Ignoro por donde debo empezar. ¿Por arriba o por abajo? Traía, eso sí, el tema por desarrollar. Un homenaje más al pintor belga Permeke, cuya obra conocí, cuando estuve en Bélgica donde había inaugurado una exposición retrospectiva de mi obra en el Museo de Arte Moderno de Bruselas. Para perder el miedo tracé con un carboncillo unas cuantas líneas y de ahí me seguí. Llamé a mi amada esposa Beatriz del Carmen cuya presencia me es necesaria durante el proceso de mis obras. Con ella observando continué dibujando. En poco tiempo tracé el retrato del pintor. En una hoja de papel escribí el título que llevaría el cuadro: “El pintor Permeke y sus modelos”. Después con una aparente facilidad agregué la figura de una mujer. No me agradó del todo y Beatriz del Carmen estuvo de acuerdo conmigo. Me señaló los errores y yo obediente, borré con un trapo lo ya hecho. Empecé de nuevo. Una hora después ya había once personajes, pero ninguno me satisfizo. Dejé el carboncillo y con un pincel mojado en acrílico manché la tela. Descubrí fallas en la composición y noté que estaba perdido. Ya no sabía que hacer. Mi imaginación se había embotado. Beatriz del Carmen me tranquilizó y me dijo: “deja esta tela y trabaja en otra”. Le dije que no. No quería darme por vencido. Por primera vez en mi vida, conocí el fracaso; pero no lo acepté y continué rayando y manchando la maldita tela. De pronto algo pasó y recuperé la confianza. Lo atribuí a un milagro, porque atribulado había rezado un Padre Nuestro, pidiéndole a Dios que me ayudará a recuperar mi habilidad, que siempre me ha acompañado. Faltaba el color y le pedí a mi esposa me sugiriera algunos tonos. Lo hizo como siempre. Tres horas después cuando se acercaba la hora de comer, el cuadro estaba “finiquitado” y contó con nuestra aprobación. Una vez terminado el almuerzo, volvimos al estudio para ver si nuestro entusiasmo primerizo, seguía incólume. El cuadro nos gustó todavía más. Es de lo mejor que haz hecho, me dijo Beatriz del Carmen. No quise perder el impulso y me puse a dibujar y acuarelear un gran papel, al que escribí ”una carta más” dirigida a mi compañera de trabajo. XXXXXXXXXX Hace una semana hubo un evento en “La Casa de Francia” para clausurar mi exposición que se llamó "El París de Cuevas”. Estuvo presente el embajador de ese país al que considero mi segunda patria, y dijo un pequeño discurso al que siguieron unas palabras mías. Por razones de salud no había asistido a la inauguración. Mi esposa tampoco. Así que por primera vez vi el montaje. Me gustó mucho. Los cuadros expuestos eran una remembranza de los escritores franceses que había ilustrado: “El Marqués de Sade”, Alfred Jarry, Moliere, etc. Mañana el embajador M. Daniel Perfait, nos dará a Beatriz y a mí una comida en la Residencia. Ha invitado a algunos amigos nuestros: Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis y otros más. Carlos Fuentes estaba en la lista, pero un viaje le impedirá asistir. Pero el día de hoy me envió un ejemplar de su última novela que se llama “Adán en Edén” que editó Alfaguara. Tras una dedicatoria afectuosa que dice: “Adán en Edén”, para José Luis y Beatriz del Carmen, de su viejo amigo “Carlos Fuentes”. En la página 70 encuentro una mención a mi nombre. Dos personajes hablan de cine y dicen, refiriéndose al novelista Jack London –“que gozó de varias adaptaciones al cine como The Call of the Wild y también ”El lobo de mar con John Garfield e Ida Lupino”. Después viene otra pregunta a la que contesta el segundo que se da por vencido: “No recuerdo. Pregúntale a Carlos Monsiváis” o a “José Luis Cuevas”. Ahora yo me dirijo a Carlos Fuentes para decirle que también en nuestro país en dos ocasiones se filmó "El Mexicano” con David Silva y una segunda vez con Jorge Rivero. La novela es de Jack London, por supuesto. La primera fue dirigida por Agustín P. Delgado y la segunda… no me acuerdo. |
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