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Navegando por Internet se encuentran diferentes comunicados dirigidos a uno. Provienen de diferentes ciudades. Por lo general son elogiosos, aunque no faltan “negritos en el arroz”. Pero estos carecen de importancia. Son breves y muy mal escritos y llevan tan solo la intención de molestar. Pero no logran su propósito. Soy indiferente a estos derrames de bilis que más dañan a quienes los envían. Se trata de tiñosos por aquel viejo adagio que dice: “si la envidia fuera tiña, cuantos tiñosos habría”. Prefiero detenerme y citar una carta que nuestra querida amiga Guadalupe Loaeza nos dirige a mi amada esposa Beatriz del Carmen y a mí, y mucho se la agradecemos. Es una misiva cargada del sentido del humor que caracteriza a esta escritora de altos vuelos. La reproduzco integra:
“Estimados Beatriz y José Luis: Hoy es domingo. Estoy frente a la chimenea con mucho frío y muchas ganas de escribirles. Llevo días pensando en estas líneas y no quiero dejar pasar otro más sin decirles todo lo que tengo en el corazón. ¿Cómo desearles feliz año en un contexto tan lamentable como el que vivimos actualmente en nuestro país? ¿Cómo esperar que sus deseos se hagan realidad en el 2010 cuando estamos viviendo momentos tan inciertos? ¿Qué daría por escribirles en un tono festivo y entusiasta, cuando yo misma ando arrastrando la cobija? Por añadidura, está Haití partido completamente en cachitos.
El año cambió, y sin embargo las malas noticias insisten en perseguirnos. Desde muy tempranito, a donde vayamos, en la casa, bajo la regadera o en el coche, nos persiguen, al mismo tiempo que nos preguntamos: “¿Valdrá la pena seguir escuchando el noticiero de Carmen Aristegui? ¿Me animaré a ver esta noche las noticias con López Dóriga tal como lo hice todo el 2009? ¿Compraré este lunes Proceso?” No sabemos qué hacer. ¿Seguir haciendo lo que hacíamos en el 2009? O bien abstenerse por completo y por las noches, ver programas de cocina en la BBC, o la vida íntima de los artistas de Hollywood en ET, o de perdis cambiarle al canal de nostalgia con los programas de Enrique Guzmán y Silvia Pinal. El antídoto a nuestro estado de ánimo, ¿Será reírse con los viejos programas de los Polivoces? ¿Estaremos igual que antes? O, ¿Antes estábamos mejor que ahora?
Seguramente, me encuentran un poquito pesimista. Lo estoy y no lo estoy. Lo estoy porque no estarlo, sería como negar la realidad y eso sí te enloquece aún más. Pero afortunadamente no todo es oscuro, allí están ustedes. Allí está nuestra amistad. Y por último, allí están nuestras ganas porque las cosas cambien en nuestro país. Juntémoslas, pero sobre todo, juntémonos más seguido este 2010. Algo me dice que juntos podremos realizar más fácilmente nuestros respectivos deseos para este año que empieza. Recuerden que la unión hace la fuerza. Ya se está apagando el fuego. ¡Qué bueno, porque ya no siento tanto frío! Les mando muchos besos, muchos saludos y un chorro de calorcitos. Guadalupe. PD: Estoy encantada con las cartas de José Luis”.
También por Internet, me llega un texto escrito por una crítica polaca de nombre Joanna Rostanñka. Me gusta mucho, lo mismo que a mi amada esposa Beatriz del Carmen. Por su extensión que es mucha, me limitaré a reproducir unos cuantos párrafos, pero debo aclarar que todo lo que dice no tiene desperdicio.
“José Luis Cuevas es un personaje inquieto, un creador sin una definición única, que hace de la práctica artística un cotidiano ritual y una profunda meditación sobre el paso del tiempo... (...)
“... Las cartas que el maestro José Luis Cuevas le dibuja a su esposa, muestran, de manera muy original, un gran amor que el artista siente por ella.
José Luis Cuevas ha hecho de estas cartas unas verdaderas obras de arte y en todas ellas le recuerda, a su esposa, el amor que le tiene desde los tiempos en los que empezó su relación sentimental. Y, él, por ser artista plástico, o sea una figura pública, se puede permitir de compartir con el público, su intimidad que es parte de su obra creativa. José Luis Cuevas llama a estas cartas “Las crónicas de una relación amorosa”, donde cada una de ellas empieza con las siguientes palabras: “Una carta más para mi amada Beatriz del Carmen...” Él mismo desempeña el papel de “cartero”, entregándole personalmente una carta ilustrada cada día. Las cartas son de diferentes tamaños, dibujadas en diversos tipos de papel; unas están elaboradas a color, con las técnicas de tinta china, acuarela, acrílico, prisma color y otras están en blanco y negro, dibujadas nada más con líneas que tanto le gustan al artista (...)
... El color que José Luis Cuevas emplea en sus cartas es, a veces, muy tenue, transparente, delicado y, otras veces, tienen un pigmento fuerte. Pero siempre predomina la línea negra: fuerte y acertada.
Sus personajes bailan, brincan, caminan, desfilan, descansan, se desvisten, tocan diferentes instrumentos. Son personajes dibujados de manera cubista, que se mezclan unos con otros, se penetran (...)
(...) Es una especie de memorias dibujadas en las que aparecen toda la serie de personajes del pasado y el presente del artista, pero los personajes principales son siempre los señores Cuevas. No solamente habla del amor en las cartas. Hay temas actuales y otros más vinculados con su infancia y adolescencia. Acontecimientos actuales: como pequeños temblores o la epidemia de influenza. Habla también de las fiestas de cumpleaños y de las navidades. No podían faltar las prostitutas y las “Casas de vicio”, así como los sueños del artista y los fantasmas reales o imaginarios (...)
(...) El texto lo escribe con letra minúscula que acomoda de diferentes maneras para que sea más divertido leerlo (...)
BREVE POEMA A JOSE LUIS CUEVAS
Sentada a tu lado. Observo y escucho el sonido de un trazo firme y seguro. El carboncillo rechina y gira de un lado a otro, y yo giro alrededor tuyo. Te amo:
Beatriz del Carmen Cuevas |
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