|
Cuando fuí internado en el Hospital Angeles se debió a que estaba padeciendo una ciática de la pierna izquierda. Ahí se me encontraron otras dolencias pero prestaron atención los médicos al dolor de mi pierna, se aconsejó una colonoscopía y muchos estudios más. Por la mañana y por la noche se arropaba mi pierna enferma en una almohada eléctrica yla pierna sana que viene a ser gemela de la izquierda nadie se fijaba y ésto trajo como consecuencia que la derecha empezaba a sufrir porque tenía un sentimiento de soledad, nadie se ocupaba de ella. Mi amada esposa Beatriz del Carmen que permanecía siempre a mi lado únicamente se ocupaba de doña pierna izquierda y pedía a los médicos y a las enfermeras que cuidaran a la izquierda y que cuando me levantaran no llevara todo el peso, cuando se hablaba de los cuidados a los que fuí sometido nunca se pensó que la pierna derecha tenía que llevar todo el peso del cuerpo. En la pierna derecha empezó a darse un sentimiento de envidia ya que no se le daba la importancia a la pierna gemela.
Estar enfermo tiene sus ventajas: todos se preocupan por uno. Me preguntan constantemente sobre cómo me siento y yo siempre contesto lo mismo: fregado pero contento. Recibo regalos. Quizá los más gustosos han sido los que me enviaron mi buen amigo Orozco Dehesa. Éste consiste en un enorme libro que pesa varios kilos. Se llama “30 000 años de arte”. Para hojearlo lo coloco en la pierna sana y siento un ligero movimiento, como queriendo tirarlo al suelo. Yo ya entiendo por qué lo hace: es la envidia que de esta manera la manifiesta. Entonces yo la sobo para demostrarle que por ella también tengo cariño. Entonces se calma y aguanta el peso del libro. Pobre pierna sana solo yo me ocupo de ella. Para la pierna enferma hay todo tipo de atenciones a la enferma, durante la noche, la enfermera la envuelve en una cálida y sabrosa tela que hace las delicias de la pierna enferma. Después viene un confortante masaje. De la otra gemela no se ocupan y no recibe ningún frotado que la haría sentirse importante. Yo me olvido de la pierna sana que es la que llevará todo el peso de mi cuerpo enfermo. El otro regalo que me ha llenado de alegría, me lo ha enviado el Almirante y Secretario de Marina. Se trata de un bello objeto que representa a un marino guerrero y al lado de ésto hay un cañón a punto de ser disparado. Beatriz del Carmen y yo ya hemos encontrado el lugar donde debemos ponerlo. Entre muchos otros presentes no debo dejar de mencionar la escultura de Pepe Sacal. Es un retrato mío en el que se ha puesto mi brazalete de cuero que uso como un fetiche desde hace muchos años. Este tiene un pequeño defecto que es fácil de corregir. El brazalete ha sido colocado en el cuello y parece que está ahí para ahorcarme.
Así pasan mis días de enfermedad. Mientras escribo este mi Cuevario, con la mano derecha no dejo de acariciar la pierna sana, para evitar que la envidia no le vaya a afectar y entonces mi enfermedad se agravaría. |
|