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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen CXXXIII

22 de marzo de 2010

 

 

En una plática con el gran pintor colombiano, Alejandro Obregón, me dijo algo que me sorprendió: que era descendiente de Álvaro Obregón. En su árbol genealógico aparecía este dato. Poco después del fallecimiento de mi gran amigo, recordando el rostro del eminente pintor, encuentro rasgos muy similares a los del político mexicano.
Algo mas inusitado es que en Cuba, haya una familia de negros que llevan el apellido de Picasso. Me enteré de ésto por un reportaje que se les hizo en una revista de Miami. El parecido con Picasso era notable sobre todo en uno de los descendientes. Parecía un Picasso pintado de negro. Ninguno de esos personajes sabía de la existencia del gran pintor malagueño.
Ya me he referido al hecho de que mi abuela por vía paterna, dibujaba con bastante destreza. Lo que no sabía es que incluso llegó a exponer en la Academia de San Carlos, en una muestra de “señoritas pintoras”. Presentó ella algunos dibujos en los que demuestra una gran habilidad, dentro de una tendencia académica.
Suzanne Valadon, pintora de cierto renombre fué madre de Utrillo, de padre desconocido. Quizá por eso se deba que el pintor de Montmartre fuera un hombre triste inclinado al alcohol. Murió relativamente joven y se le recuerda como un personaje que pintó temas del barrio en el que vivió. Su talento era poco más que mediocre.
Mi amada esposa Beatriz del Carmen, encuentra en mi estudio de Galeana una carta de mi estimado amigo Marco Antonio Campos. Es un texto que yo había olvidado. Reproduzco el primer párrafo que dice:
“Uno de los mayores privilegios que me ha dado mi estancia en Salzburgo y Viena fue sentirme en una atmósfera donde vivieron, gozaron y padecieron tres artistas de excepcional relieve: el músico Mozart, el poeta Trakl y el pintor Schiele. Contemporáneo de Schiele, con quien lo unía un mundo angustioso y desgarrado. Fue amigo de Trakl, sin embargo, fue otro gran marginal: Oscar Kokoschka sin embargo fué otro gran marginal: Oscar Kokoschka que a menudo visitaba el estudio de éste, cerca del Prater, para verlo pintar. Juntos alguna vez pintaron un cuadro, “La novia del viento”, que se halla en la colección del museo de Basilea.
El año pasado se celebró con amplitud el centenario del nacimiento de Egon Schiele. Sin la esperada (la desesperada) desproporción de Mozart en el jubileo del 1991. Se le dio una amplitud justificada y justificable.” (...)
En conversaciones, en entrevistas o en tus espléndidos artículos, no recuerdo que tú, José Luis Cuevas, hayas mencionado a Egon Schiele, como una influencia importante o siquiera menor”.

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La primera entrevista que se me hizo fué obra de Elena Poniatowska. Después vinieron muchas otras. Ahora se ha publicado una más que ocupa toda una página del periódico “La Jornada”. Por estar enfermo la recibo en la cama. Mi amada esposa Beatriz del Carmen, como siempre, a mi lado. En todas las entrevistas la necesito cerca de mí. Ella interviene en las entrevistas y me sugiere algunos tópicos que de momento he olvidado. La entrevista empieza diciendo Elena: “Metido en su cama catedralicia por culpa de la ciática de su pierna izquierda y le causa mucho dolor. José Luis Cuevas asegura que además de pintor se ha vuelto vidente y sabe quienes van a morir en los años que vienen. “Te los voy a decir, pero tu no repitas sus nombres, no se vayan a enojar. De mí sí puedo decirlo: Yo me voy a morir este año. Su mujer, Beatriz del Carmen sacude el fleco:
“¡Ay cachito! ¡Como te gusta la publicidad!
Tengo una libreta secreta negra y en esa apunto la lista de los que van a morir y hasta ahora no he fallado. Adiviné que Salvador Novo moriría en 1974. Siqueiros también. Dolores del Río en 1983, Juan Rulfo en 1986. Alice Rahon en 1987. Anuncié la muerte de Fernando Benítez en 2000, también supe que en 2006 moriría Juan Soriano. Mathías Goeritz en 1990. Yo supe que Alejandro Aura, también amigo mío, iba a morir en 2009.
Soy vidente desde los años 70. En 1973, preví la muerte de Picasso y la mía. Picasso murió y yo no. Aquí, afortunadamente fallé...”

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Jacobo Zabludovsky, ha sido desde hace algunos años uno de mis mejores amigos. Mi carrera de pintor esta vinculado a este gran hombre que entre muchas de sus cualidades está la de su generosidad, que no tiene límites, con el apoyo que desde que éramos muy jóvenes, él supo darme. Cuando tenía su noticiero Nescafé, me entrevistó varias veces. En aquellos tiempos publicó un libro que llamó Charlas con pintores y yo me honré dibujando los retratos de los pintores que ahí aparecían. Ellos fueron, el Dr. Atl., Tamayo, Dalí, Rivera y Siqueiros. Este último escribió el prólogo. Ésta fué la primera vez que aparecí en un libro muy bien acompañado por grandes artistas. Después surgió en mí la espléndida idea del “Mural Efímero” que sacudió la conciencia de los mexicanos. Sin el apoyo de Jacobo, este mural no hubiera tenido el estallido que provocó. De Siqueiros me hice amigo gracias a Jacobo. El fué el que me llevó a Cuernavaca donde el Coronelazo pintaba cuadros que después se integraron a los murales del Polifórum. Recostado en mi cama de enfermo, escribo estas líneas, lamentando no estar presente en el homenaje que ahora se le rinde a mi gran amigo. Más que amigo diría yo, hermano.

 

 

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