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Mi amada esposa Beatriz del Carmen propuso algo que yo consideraba imposible. Que la calle que entronca con Diego Rivera llevara mi nombre. En días pasados comió con el Delegado de “Álvaro Obregón”, Eduardo Santillán y con Silvia Polo. Poco después me llamo por teléfono para darme la noticia de que su propuesta era ya un hecho. La calle que hace esquina con Diego Rivera, llevará mi nombre. Incluso ésto se hará en fecha muy próxima. Todos mis lectores están invitados a asistir al evento que será el 29 de mayo (sábado), a la una de la tarde. Honor a quien honor merece. Sin la insistencia de mi amada esposa Beatriz del Carmen, este cambio de nombre no hubiera sido posible.
La semana pasada regresamos de Mérida donde inauguré dos exposiciones en el Museo Macay, que dirige Carlos García Ponce. Dos días después de la inauguración aparecieron algunos artículos en el periódico “Diario de Yucatán”. Reproduzco a continuación lo que escribió María Teresa Mezquita.
“Monstruos, cartas y sueños: José Luis Cuevas”.- Cuando se habla de José Luis Cuevas parecería ociosa cualquier explicación sobre su naturaleza peculiar, su personalidad, y sus definidos modos de ser, de hacer y de trabajar. Su impronta creadora y su naturaleza polémica hacen una combinación nada inadvertida para el medio de la producción artística mexicana y mundial. A Yucatán, siempre en la mira. A Yucatán, Cuevas y su obra han venido varias veces, y siempre habla de su familia: “Novelo era el apellido de su mamá, ella era de Progreso”, dice. Y siempre lo vuelve a decir, como reafirmando su génesis... Así, con esa presencia recurrente en Yucatán, siempre en la mira de medios de comunicación y representantes del medio artístico, su presencia genera preguntas, no sobre “que hace José Luis Cuevas” sino más bien sobre “qué hace José Luis Cuevas” sino más bien sobre “qué será lo que traiga, ahora que es lo que esta haciendo. Su natural personalidad, su ego, a veces quizás más externo que interno, remite ahora por cuestiones espacio-temporales necesariamente otro gran contemporáneo, hoy en exhibición también en el primer cuadro de la ciudad: Salvador Dalí.” Está muy bien que Dalí y yo expongamos al mismo tiempo”, dijo José Luis Cuevas en rueda de prensa en el Macay, medio en broma, medio en serio “con él ...sí está bien”. ¿Y en qué consiste la exposición de este mexicano, vivo representante de la rama figurativa emergida de la generación “de la ruptura”? Que en esta ocasión bajo el título “El mundo reciente de José Luis Cuevas: Cuevas, pintura y escultura”, ha llegado a nuestra ciudad una generosa colección de trabajos, más amplia que en otras ocasiones, que ocupa parte de las principales salas del Macay (la II y II bis). Allí, este heredero de la neo-figuración siglo veintena de la que participan artistas como Francis Bacon, refrenda su compromiso con la pintura y la escultura, su técnica depurada y sus temas con recurrencias autobiográficas. Por ejemplo, en las salas II y II bis del Macay, se exponen las Cartas a Beatriz del Carmen y las pinturas, en acrílicos con técnica mixta sobre tela o papel.
En su obra en general predomina la ya acostumbrada tendencia monocroma de su paleta, sus personajes de facciones enérgicas y descolocadas. Su análisis anatómico exhibe una fragmentación de las formas como si cada miembro y cada cuerpo pudieran recortarse en múltiples pedazos. Las cartas a su amada esposa Beatriz del Carmen contienen inserciones textuales. En una de ellas fechada el nueve de mayo del 2009, la misiva inserta así: “mi amada Beatriz del Carmen, en el último momento cancelamos nuestro viaje a Bogotá, por el problema gripal y lo sentimos mucho...” Y así las demás, que en su totalidad suman cerca de 200 aunque claro, es una selección la que se expone en el Macay de Mérida. Además la “Obra reciente de José Luis Cuevas, se extiende también a lo escultórico, a través de varias de mediano tamaño situadas en las salas II y II bis del Macay entre ellas la “Mujer piano” por mencionar una que parece hacer un guiño además de atraer; y también por medio de piezas de gran formato, ubicadas en el exterior, en el pasaje Revolución. Allí las descomunales cabezas broncíneas, los cuerpos de morfología inquietante, las convulsas y tensas estructuras, más intensas y enérgicas que la colección pictórica- menos íntimas también- convocan a espectadores y transeúntes y posiblemente despiertan su imaginación. En lo escultórico hay igualmente la huella de un José Luis Cuevas plano, apegado a los lenguajes eternos (bronce en este caso), como lo pueden ser la pintura acrílica o el dibujo y claramente identificado con el siglo XX en el que nació y vivió. José Luis Cuevas habrá para rato. Así lo ha afirmado el artista, que en este 2010 cumple 76 años de vida. “No puedo titular a mi exposición como “Las últimas obras de Cuevas porque no puedo saber cuál será la última. Así por lo menos “obra reciente es más precisa y no estoy mintiendo” dijo José Luis Cuevas: “Enfant terrible de la generación de artistas que le vió crecer, pintor de lo que han llamado la “ferocidad gestual” tan figurativo como incisivo. Sobre él ha escrito Fernando Ureña Rib de la fundación del mismo nombre: Pocos artistas conocen como Cuevas los caminos sinuosos del horror y pocos han sabido explorarlos con tan deleitable suspicacia. José Luis Cuevas no se aterra, su antorcha prevalece iluminando la oscuridad circundante y aterrando, eso sí, a los ineptos y a los pocos valientes”. |
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