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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen CXLI

17 de mayo de 2010

 

 

En la casa de mi abuelo en donde pasé mis primeros años de mi vida había un piano-pianola. Era una presencia muda, porque que yo sepa, ninguno de los familiares tenía talento musical. Imagino que en aquellos tiempos era de buen gusto tener en la sala uno de estos artefactos. O quizá se debía a que tener una caja de música, podría despertar en algún pariente un talento musical. Había también varios tomos de biografías de músicos ilustrados con retratos de grandes compositores. Estos libros los encontré arrumbados en un cuarto donde se guardaban infinidad de trebejos. A ese lugar lo llamábamos el “cuarto de los fantasmas” y ninguno de los tres niños hubiera osado a entrar solo porque las criadas contaban historias terroríficas que paraban al escucharlas, los pelos de punta. Decía una de las criadas, que en una ocasión, vio moverse el retrato de mi abuela muerta cuando mi padre era niño. También se mencionaba que en un baúl había una calavera. Mi padre nos decía que no creyéramos nada de lo que se contaba. En un tubo metálico se guardaban dibujos de la madre paterna. Este tubo me apoderé de él, para hacer copias de esos dibujos de magnífico estilo académico. Cambiamos de casa y nos fuimos a vivir a la Colonia Roma. Lo único que yo me llevé fué ese tubo que para mí era maravilloso. Por muchos años lo tuve en mi poder y de vez en cuando sacaba su contenido. Muchos años después abrí una vez más ese tubo, y para mi sorpresa los dibujos habían desaparecido. Nunca más volví a verlos. El tubo vacío lo conservo y de vez en cuando lo abro con la esperanza de que si desaparecieron de manera extraña, volvieran a aparecer. Esta es una historia de fantasmas. Mi amada esposa Beatriz del Carmen me ha visto abrir el tubo y por el momento continúa vacío. Yo no pierdo la esperanza de que algún día vuelvan a ocupar su sitio. Nadie más que yo está interesado en rescatar esos dibujos, que de manera misteriosa dejaron de existir. Quizá mi abuela no quiere que descubra de donde me viene mi vocación artística. Bueno esto es tan solo una conjetura.
Cuando dejamos la casa del abuelo, mi tía Rebeca vendió casi todo lo que a ella pertenecían. Muchas cosas pudo haberlas vendido a una casa de antigüedades. Pero por ignorar que estas existían vendió todo a un trapero. En esa venta se fué también el piano por el que le dieron una cantidad de dinero irrisoria.

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Mi amada esposa Beatriz del Carmen estuvo muy festejada el día de las madres. Yo hice para ella cuatro dibujos de buen tamaño. De sus amigas recibió algunos arreglos florales. Ella es muy afecta de las flores. En el patio que es de reciente hechura, dejó un jardín que lo rodea y en este ha plantado árboles y frutas. Su amor a la floricultura, la ha llevado a conversar con las violetas y orquídeas, como si fueran seres vivientes. En los diferentes jarrones que adornan la casa, es donde ha plantado flores y se emociona cuando las ve que han floreado y dice que ellas las ve como si fueran bebés. Las llama “chiquitas adoradas” y con suavidad acaricia los pétalos. Ha sembrado árboles de diferentes frutas y se emociona cuando ve que empiezan a dar naranjas, peras, manzanas, limones y duraznos. Cuando estas frutas crezcan podremos comerlas. Yo, incrédulo, le digo que tanto las flores y los árboles según ella imagina que son seres vivos no deberían de comerse, sería un acto de antropofagia. Las flores tienen una vida efímera y acaban tirándose a un basurero.

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El fotógrafo Héctor Herrera nos visito una mañana y me trajo de regalo 14 fotos que me tomó hace treinta años. Nunca las había visto y me sorprendió los cambios que se van dando con el paso del tiempo. Se trata de imágenes ampliadas a gran tamaño. Hago un comentario, sobre lo guapo que era yo en mi juventud. Mientras conversamos en la biblioteca surge en mí una idea: que esos retratos sean expuestos en la nueva sala que hemos abierto y que pronto se inaugurara con dibujos míos, realizados durante mi reciente enfermedad. La sala donde se expondrán se llama “Los siameses” y ésta será dedicada a exponer obras de mi amada esposa y mías.

 

 

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