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![]() | Mi relación amorosa con Beatriz del Carmen CXLIX 12 de julio de 2010
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Cometí un error: haber tendido la mano a una pareja que se hace llamar “Los siameses” y me acusan de plagiario por haber puesto ese nombre a la escultura que he donado a la ciudad de México. Sin el más mínimo pudor requieren de varias hojas para insultarme. Para contestar sus injurias me bastan unas cuantas líneas. XXXXXXXXXX Aguardando el fuego purificador, creamos un infierno provisional para nosotros, del que solo escapamos mediante el recurso de la locura o tormento, el orgasmo o el crimen. José Luis Cuevas reivindica y asume, con un rigor ejemplar, las facetas más violentas y oscuras de nuestra personalidad. Como los ojos de los gatos, decía Malraux hablando de Goya, su inspiración brilla siempre de noche. Esplendor nocturno, lucidez tenebrosa, oscila perpetua del ámbito fetal, subterráneo al sol implacable que lo acecha, a su brillo asesino. Juan Goytisolo, Madrid. (fragmento)
Ray Bradbury, Chicago (fragmento) XXXXXXXXXX Es originario del hemisferio occidental; a veces se le encuentra en el Golfo de Hudson y otras en los llanos de la Patagonia. Sin embargo, recientemente ha emigrado a Lutecia y ha comenzado a aterrorizar a los vecinos y vecinas del XVI arrondissement. Es el rival del jaguar, el león, el águila, el rinoceronte, el oso, el unicornio y las otras grandes bestias de presa que merodean por las selvas del arte. Es el enemigo natural de las víboras de cascabel, las ratas, los pavorreales, los zopilotes y los otros críticos, pintores y literatos que se alimentan de cadáveres y otras inmundicias. Lo menos parecido a este artista: los tlaconetes. Su figura popular en los anales de la hechicería y el folklore. En algunos poblados ha sido divinizado, sobre todo entre las llamadas “sectas furiosas”, como las “bacantes y las ménades “; en ciertos barrios de las afueras, eternamente crepusculares, su nombre es anatema y lo exorcizan en el antiguo método del “ninguneo” y con el no nos antigua del ladrido. Octavio Paz, México (fragmento) En José Luis Cuevas hay, de un lado, una figura pública internacional, que hace las delicias de las gacetillas y de los cazadores de autógrafos por sus posturas insilentes, pero también un rebelde de suficiente coraje como para vociferar contra el indigenismo y el nacionalismo en esa plaza fuerte de ambas cosas que es su país, México y para arrostrar la impopularidad en nombre de ciertas convicciones. De otro lado, menos público y multicolor, pero infinitamente más tumultuoso y permanente, hay en él un creador cuyos dibujos y grabados son, sin la menor duda, la más audaz, original y sólida contribución que haya prestado en estos órdenes un latinoamericano al arte de nuestro tiempo. Mario Vargas llosa, Barcelona (fragmento) |
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