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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen CLI

26 de julio de 2010

 

 

Cuanto los cuento. Aquellos libros que he ilustrado. Son más de cien. Busco, encuentro, aquello donde mi nombre aparece. Supero el número cinco mil. Cuevarios por todos lados. Autobiografías, autorretratos. Sé donde están: guardados, muy bien guardados. Nadie tan prolífico como yo. Las letras vienen y van. ¿En cuántos idiomas he sido mencionado? Menciono algunos, no todos: francés, italiano, vasco,  alemán, catalán, austriaco, polaco, portugués, ruso, etc., etc. Soy autorretratado en dibujos, grabados, esculturas y pinturas. Escribo sobre un solo tema: yo mismo. ¿Cuántas hojas llevo hasta el día de hoy escritas? Todas sobre mi diario vivir. Me miro en los muchos espejos que hay en mi casa. Camino por las calles y me detengo para verme en todos los lugares donde mi imagen está reflejada. Nadie tan mirado como yo. Me gusta verme. Es una costumbre que empezó desde mi infancia. Soy un mirón de mi rostro. No me cansa mi imagen. Pienso: llegará mi muerte y cuando ésta llegue, desaparecerá para mí, esta tan mirada cara. Seré visto por aquellos que me sobrevivan. Pero será a través de tantos autorretratos que dejaré para la eternidad. También en las fotografías que me han tomado desde hace muchos años. Pienso: ¿Cuál será mi última foto? He pedido se fotografíe mi cuerpo inerte. Aquietado por la muerte. Pienso:  ¿En dónde estaré cuando esto suceda? Mientras escribo estas líneas, pienso aterrado en ese último instante de mi existencia.
Mi amada esposa Beatriz del Carmen, por ley de vida sobrevivirá por muchos años… Yo ya desaparecido, ella seguirá viva y pintando. ¿Cuántos cuadros pintará? ¿Qué cambios se operarán en su obra? Llegará posiblemente a una edad avanzada. ¿Derramará lágrimas al recordarme? ¿Se acostumbrará a mi ausencia? ¿Me extrañará?  ¿Pensará lo que yo fuí para ella? ¿Seguirá mascullando mi nombre? ¿Estaré presente en los cuadros que pinte? Ojalá así sea. La verdadera muerte es el olvido. Quiero seguir viviendo en el recuerdo de los otros. Que se siga hablando de mí. Que mi amada esposa repase las libretas donde he dibujado mis autorretratos, así como las cartas que le he enviado puntualmente. No acepto mi desaparición total. Quiero seguir haciéndome presente a través de mis obras. La muerte es un misterio. Ojalá y desde donde yo me encuentre pueda yo decirle todo lo que la amo. Quiero que cuando yo me encuentre en ese sitio a donde llegan los muertos; ella mirándose en un espejo, aparezca yo reflejado como un fantasma y pueda decirle, lo importante que fué ella para mí.

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Voy saliendo de esa enfermedad que me aquejó por muchos meses. Empiezo a recobrar mis fuerzas, estoy ansioso de volver a trabajar en grandes lienzos. Ahí me esperan en mi nuevo estudio que mando a construir mi esposa. Ya no me conformo con estar dibujando pequeños papeles. En el tiempo que duro mi enfermedad logré acumular cerca de 300 dibujos que están expuestos en la nueva sala que se abrió en el museo, que se llama “Los siameses”.

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En el Diario de Xalapa, aparece una entrevista que se le ha hecho uno de los artistas cubanos que están exponiendo en la galería “Ramón Alva de la Canal”. Uno de ellos. Alex Fleites dice lo siguiente: “Desde la segunda mitad del siglo XX, José Luis Cuevas es un referente innegable en el contexto de las artes visuales de América Latina. Particularmente a los artistas cubanos les fascina de él su irreverencia vital, su renovada juventud (…) Cuevas según lo percibimos en la isla, ha borrado la división entre vida y obra. O en otras palabras, ha hecho del vivir una obra de arte apasionante, de modo que los grabados, esculturas, dibujos y pinturas que salen de sus manos no son sino fluidos corporales, metabolizaciones de la realidad aprehendida a diversos niveles.
De ahí que todos los artistas cubanos invitados respondieron cuando ideamos concretar esa admiración unánimemente (honrar, honra decía Martí) en una colección de grabados elaborados expresamente para la ocasión, que luego será donada a los fondos permanentes del Museo José Luis Cuevas. Diríamos así inicio o continuación de homenajes y apropiaciones de la obra de Cuevas. El arte, ya lo sabemos es autofágico, y la belleza no puede sino alimentarse de sí misma (…)
En medio del fragor creativo todos los participantes, entre los que se encuentran nombres de primerísimo nivel, me interrogaron por técnicas, dimensiones, fechas de entrega, modos de envío, etc. Ni uno solo preguntó por las razones para rendir  un homenaje a José Luis Cuevas. Parece que las preferencias no necesitan explicarse” (…)

 

 

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