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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen CLII

02 de agosto de 2010

 

 

Converso con  mi amada esposa Beatriz del Carmen el tema de la vejez que tanto me preocupa. Me angustia saber que dentro de poco tiempo llegaré a la respetable edad de ochenta años. Estando en Cuernavaca encontré un número muy antiguo de la revista Time, donde se habla de aquellos artistas que habiendo alcanzado edad muy avanzada continúan produciendo obra en la que se advierte una constante renovación. Se ilustra este artículo de la revista americana con una galería fotográfica de pintores todavía en activo, pero que ahora todos ya han muerto. Ellos son Picasso, Braque, Chagal, Leger, Derain, Roult, Vlamink, Utrillo y Dufy. Todos ellos, como naipes, fueron cayendo en diferentes momentos. Les llegó la muerte con el pincel en la mano. Claro que esto es un decir, porque Picasso murió durante el sueño, pero en su cama habian dibujos esparcidos entre las colchas que lo cobijaban. Linda muerte tuvo el más grande artista del siglo XX. Matisse habiendo cumplido los ochenta años había terminado la Capilla que lleva su nombre. En aquel tiempo declaró que no había pensado apartarse un ápice del concepto estético que durante toda su existencia practicó.
Cuando se piensa en Picasso y se le contempla a través de sus épocas de diferentes soluciones plásticas y en el recorrido de sus tránsitos pictóricos, no deja de sorprendernos que, cuando se acercaba a los setenta años, todavía tuvo el ímpetu de entregarse con la misma pasión que puso en todos los periodos de su paso por la vida y es puso a hacer cerámica a la que se entregó con la misma pasión que ponía en las diferentes épocas de su prolífica vida. Fueron más de trescientas las piezas de cerámica que en corto tiempo realizó.
Y ahora que me acerco a los ochenta años, con una juventud renovada, sin compararme a los grandes maestros que he mencionado, sobre todo a Picasso y Matisse. Sí se podrá decir que en mi larga vida he recorrido infinidad de caminos. En los últimos meses, tirado en la cama sufriendo dolores intensos por culpa de una ciática, he realizado pequeños dibujos coloreados que sirvieron para inaugurar una nueva sala del Museo José Luis Cuevas. Obras pequeñas sí. Pero que suman más de 400 trabajos hechos con el mismo entusiasmo que pongo en mis obras de mayor aliento. Pero espero impaciente, el momento de “atacar” los lienzos que me esperan en mi nuevo estudio que fue diseñado por mi amada esposa Beatriz del Carmen y que no he podido inaugurar, por culpa de esta dolorosísima enfermedad que me aqueja.
Aparte de dibujar leo libros que me llegan de diferentes sitios en los que me encuentro mencionado. A veces se trata tan solo del  nombre, pero en otras páginas de otros libros hay ensayos extensos con el que ahora entrego a mis lectores algunos párrafos. El texto está escrito por María Antonieta Monroy, que dice:
“Con una producción singular y en gran medida contradictoria, es uno de los artistas mejores posteriores al muralismo; uno de los primeros que pueden considerarse verdaderamente moderno de México. Con aguda penetración psicológica y capacidad sintética logra un intenso dramatismo con base en un mínimo de elementos.

(…) Conocedor de los grandes dibujantes de todos los tiempos, los estudia y digiere en busca de una expresión propia. Todos dejan una huella en él. De Leonardo Da Vinci toma la manera de exagerar el rostro que aparece a veces en su obra, como en la tinta con acuarela El pintor Rudolpher en el Hospital (1966). Al igual que Rembrandt, no utiliza el dibujo de contorno preciso  como límite de las formas; en ambos, además, el autorretrato es un tema recurrente… (…)”.
 

 

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