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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen CLV

23 de agosto de 2010

 

 

En otra ocasión ya me referí a la ingratitud humana. Ahora vuelvo a tratar el tema de “la Comedia humana”. Me lastima, me duele lo que en esta ocasión, me refiero a la ingratitud de alguien muy cercano a mí por estar casado con Mariana, mi hija mayor. Se trata de Emmanuel de Chaunac-Lanzac quien viviendo en México recibió por parte mía toda clase de atenciones.  Le dí una de las casas que le heredé a mis hijas durante el tiempo que vivió aquí, en México, y se hospedó antes en la casa que tenía en Nueva York. Después se vino a México y le abrí las puertas de la casa que tenía yo entonces en un lugar muy cercano a donde yo vivía y que heredé a mis hijas, cuando me casé por segunda vez. Puse a su disposición auto y chofer. Emmanuel es un hombre de apariencia educado, por pertenecer a la "realeza francesa". Después se fue a París y viajaba cada año a México en tiempo de vacaciones. Se hospedaba, en la casa que yo tenía en Pantla, que también les heredé, donde disfrutaba de toda clase de comodidades. Después cambió de trabajo y ocupó un puesto importante en la casa de subasta llamada Christie's. Yo había tenido ciertos problemas con este centro de arte en la que se subastaban cuadros de artistas latinoamericanos. Por haber tenido yo ciertos distanciamientos con las casas más importantes del mundo quedé excluído de las subastas. El motivo se debió al hecho de que las obras mías que salían a la venta eran falsificaciones de pésima imitación. Esto pasó hace ya muchos años. Imaginé que estando Emmanuel ocupando un puesto de enorme importancia, él podría resolver estos resquicios y volvería mi obra a salir en subastas. Pero no lo hizo y continuó mi obra, injustamente, fuera de circulación. Mi hija Mariana se comunicaba conmigo muy de vez en cuando, lo mismo sucedía con mis dos nietos, Axel y Alexis. De Emmanuel nunca volví a tener relación alguna.

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Ahora paso a otros temas, que tienen que ver con la condición humana. Lorenza Vildósola e hija, ambas llevan el mismo nombre, vinieron a mi casa y se llevaron un buen paquete de obras mías con la promesa que en poco tiempo me enviarían el dinero; pero hasta ahora y de ésto ya han pasado algunos años, no han cubierto la deuda. Lo mismo me ha sucedido con el dueño del taller de grabado llamado “Taller de Grabado Siempre Habana”. Por primera vez hice grabados en madera que ilustraban la obra de un excelente poeta catalán, recientemente fallecido. El resultado fue, creo yo, de excelente calidad. Se me entregaron algunas pruebas de artista y quedó pendiente el dinero que debía pagarme. Hasta ahora no he recibido un solo centavo y no se me han entregado las carpetas que me corresponden. El dueño del taller se llama Luis Miguel Valdés, y tiene la habilidad de cambiar constantemente de lugar. Un día puede estar en Cuernavaca. Cuando ahí se le busca, resulta que se fue a Cuba o bien abrió otro taller en la Conchinchina.
Jesús Herrera, dueño de un hotel de Cuernavaca también se desaparece y sus empleados lo dan por desaparecido.

 

 

 

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