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Mi relación amorosa con

Beatriz del Carmen XCV

29 de junio de 2009

 

Hemos regresado de un viaje de cuatro días, mi amada esposa Beatriz del Carmen y yo. Repartimos ese tiempo  entre el puerto de Veracruz y Jalapa. En esta ciudad llovía torrencialmente. En la noche aumentaba la tormenta y los rayos y centellas nos espantaban el sueño. A Jalapa fuimos a la clausura de la exposición que estuvo presentándose en la galería “Ramón Alva de la Canal”, a la que se le puso un nombre que me resultó simpático: “Dibujando desde la cama durante el coito”. Se trata de una colección de cincuenta dibujos acuarelados cuyo tema es erótico.
Sobre esta mi exposición Fernando Santiago Vázquez escribió dos textos que fueron publicados en un diario de Jalapa. Extraigo de ellos dos párrafos, en la imposibilidad de reproducirlos íntegros. En el primero se dice: “Amor erotismo y pecado y otras cosas del sexo se palpa en la exposición “Dibujando en la cama durante el coito” del poeta pintor José Luis Cuevas, pinta el eros, pinta el eros y al amor, los une y los libra todos los días así como nosotros libramos el amor, el amor que nos abrevia en palabras sino en sexo pleno, mecerse en amor, la pasión en sexo y locura, la imaginación en la vida amorosa, de ese amor que existe en la piel, el filtreo de la voz, en el corazón, en el alma, en el beso, en la cama durante el coito, en la palabra amor que no solamente está y va en el arte de José Luis Cuevas. El amor no es redención, no es ininteligible, hoy es en José Luis Cuevas amor y erotismo: amor en la naturaleza de su ser, en un fin sin colofón en una muerte más que chiquita, como el agua dormidita con esas desnudeces y esa desfachatez como de sol…”
El segundo artículo, lo titula el autor “José Luis Cuevas, el Tlacuilo de Beatriz del Carmen”. Empieza diciendo:
“José Luis Cuevas y Beatriz del Carmen. Una parábola de amor, de amor en Macuilxochitl que es la cualidad que tiene José Luis Cuevas, porque porque tiene una finalidad en esta vida, tiene una misión que es la de ser feliz, tiene la palabra de los antiguos y tiene la visión florida de los Tlacuilos. Él representa el florecimiento en el arte y en la vida de México, ha dado muchos frutos y frutos en abundancia, porque florea constantemente, su tonalpohualli. Es una cuenta que él conoce por ello camina por la vida con su siamesa, son dos cuerpos unidos por un corazón, son una parábola de lealtad y de amor, a pesar de que la vida está plagada de rostros maliciosos y bocas calumniosas. José Luis Cuevas no ha quedado atrapado en los recuerdos, esos los lleva en el corazón, por ello crece cada día y es así que ese corazón maravilloso lo devuelve a la vida, es como coatl. Tiene la facultad de comunicarse con el pensamiento de quienes vibran en frecuencia. Tiene el aliento de la vida, de ese aliento que Dios otorga al nacer; la inspiración de José Luis Cuevas es casi interminable y encuentra la fuerza en el amor y no en las paredes del mal. Hoy el mundo de Cuevas está lleno de corazones y de amor. Está en él mismo, por siempre él, como lo está en sus cartas a Beatriz del Carmen. Esas cartas llenas de un sentimiento, de una línea tan fina como es el amor. Así de fino como es el nombre y el nombre de su amor queda plasmada. Con cuanta emoción pronuncia el nombre de su amada y feliz porque su capacidad de vida  es permanecer con un amor, en un mundo de sombras, de soledad. José Luis Cuevas, como Nanahuatzin demuestra su valor. Se arroja a la hoguera de todas las vanidades y sale esplendoroso y es Beatriz del Carmen que en su cuadro “Mi secreto” como tecziztecatl deja abierta la ventana del corazón y en esa ventana, la búsqueda del conocimiento de la vida, lo que perdura se une, como dos energías puras que conforman el líquido vital de vida, en la cual cada uno de ellos está pintando el color de las nubes tempestuosos, son y terminan integrándose a  la dualidad de chalchiuhtilcue y Chalchiuhlatonac, los dos se ven como en un espejo y se roban el alma a cada instante; pero no se roban el amor, el amor lo dan y quedan reflejados en la cara de la luna que refleja el alma fecundadora de Beatriz del Carmen, la que fecunda a José Luis Cuevas, en su savia y en su sangre. En su ascenso y descenso. En su ir y venir y él disfruta en perfecto equilibrio su capacidad de amor como a Tochtli, su símbolo del placer, lo agradable en la vida.
José Luis Cuevas y Beatriz del Carmen como Mictlantecuhtilx y Miclancihuatl, representan la transmutación orgánica en el mundo para dar nuevas formas de vida, es necesario morir para vivir, o vivir para morir es transformarse cada día y no desperdiciar nada. Y José Luis Cuevas no desperdicia nada. Vivirá mil años porque es creativo y tiene el derecho de ocupar un lugar en este mundo mágico de los tlacuilos de la vida…”


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Entre las muchas y variadas formas en las que me he expresado como artista, está mi trabajo como portadista de un gran número de libros y revistas. Supero el número cien. El día de hoy me llegan, simultáneamente, cuatro publicaciones en las que se “adornan” con mis dibujos. Cito los títulos: “Crepuscule sur les paves” (poesía), “Sea breve” (poesía), “Metanfetaminas” “Descuartizadores” (ensayos).
 

 

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